Las pérdidas en el camino

 Todo empieza el día que perdí a mi mejor amigo.

Aquel día entendí que no volvería a verlo; sin embargo estoy contento por él.

Llegó donde quería, a pesar de todas las penurias que pasaron, se casó, creo que tiene a su pequeño, y hoy puedo decir que la pena me lleva, pero seguro que donde esté, es feliz, como demuestran su estados y sus fotos.

Lo único que le pude decir es gracias, gracias por todos aquellos años que me diste, gracias por todo aquello que me enseñaste, gracias por cuidar de mi hermano, gracias por perdonarla a ella, y gracias por hacer que todo esto fuera más fácil.

Hoy en día, he perdido mucha más gente, pero como él, no hay nadie. Hubiera sido mi consejero, mi amigo y en quien podría haberme apoyado siempre, pero se fue y nunca volverá.

No es el culpable de que esta amistad se pudriera, también yo tuve la culpa.

Hoy sé que mi vida ha sido un continuo ejemplo de malas decisiones, de fiarme de quién no debía, de fiarme de la gente y no de mi instinto. Hoy sé que mis decisiones, ya sólo afectan a mi persona, pero por desgracia, afectan a mi tesoro, a la personita que tengo al lado y que para mí es lo más importante. Muchas veces tengo que pensar, dejar de lado lo que piensen los demás y seguir mi instinto, pero no sé como hacerlo, porque el único apoyo se me desvanece, y cuando lo digo, o intento contar con ese apoyo, muchas veces no debo hacerlo, porque no siempre puede llevar mis problemas adelante, siempre se necesita a alguien externo y esa persona, era él. 

Querido lector, no escribo esto para que me leas, como ya sabes, me importa entre 0 y nada, sólo lo hago para liberar mi mente y quitar este saco de piedras que llevo por mochila

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